
Conversando tiempo atrás con un sujeto en una fiesta familiar, me confesó ya un poco bebido como, tras tomar un diplomado de producción cinematográfica en el extranjero, nunca pudo volver a ver una película en paz.
Le era imposible.
Luego de conocer los más oscuros secretos que convergen en la realización de un filme, sencillamente no podía sentarse y disfrutar de la historia sin percibir que el guión tenía fallos de continuidad, que la fotografía era débil o que al encargado de…